miércoles, 24 de junio de 2009

Prologo 02 - Ahora que nos conocemos...

El sol despuntaba en lo más alto, pero su luz la bloqueaba un trozo de lona. A su alrededor, había más de lo mismo. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? El joven elfo sanguinario rememoró los acontecimientos que pudo hasta el momento en el que perdió el conocimiento. ¡El felino! Se miró los brazos incorporándose sobresaltado, pero calculó mal su altura y se llevó consigo la tela de lona, que le tapó los ojos y le quitaba el aire. Pugnó para liberarse y escuchó una risa muy cerca de él.

¡No te muevas tanto! -reconoció aquella voz masculina y brusca: el tipo que le salvó -. Dejame que te quite eso de encima.

Unas manos se encargaron de salvarle de la tienda de lona carnívora y pudo ver por fin a su salvador. Era de su misma raza, un elfo sanguinario de larga cabellera rubia recogida en una coleta caída dejando entrever sus orejas puntiagudas, de ojos grandes y verdes y una sonrisa blanca y brillante como la luz de la luna. Vestía unos pantalones de cuero y una camisa blanca de lino. Era mucho más alto que él, y de fuerte constitución. La mano que le tendía para ayudarle a levantarse estaba llena de cicatrices y marcas de lucha. El joven elfo dudó antes de aceptar su ayuda y levantarse.

Me alegro de que hayas despertado, chico. Ya pensaba que te había matado -el joven hizo una mueca de dolor cuando el otro elfo le apretó la mano para presentarse, despertando lo que quedaba de la herida del brazo -Soy Avalón, miembro del clan del Colmillo y la Espada.

¿Tu me has salvado? -el joven elfo consiguió deshacerse del apretón y pudo observarse el brazo. Alguien se lo había vendado y estaba totalmente limpio.

Si. No fue más que un susto. Así que debo pedirte perdón... ¿Te llamabas?

Gracias entonces. Me llamo Darkwind -se presentó el más joven -. ¿Debes pedirme perdón por qué? -añadió extrañado por la frase de Avalón.

Un fuerte rugido sacudió el claro en el que se encontraban. A Avalón no pareció importarle, pero a Darkwind le heló la sangre en las venas. Miró a todas partes, buscando el origen del sonido, y al verlo venir, dio un salto y se escondió detrás de Avalón dando un grito. El felino que le atacó se acercaba otra vez. Estaba seguro porque en el bosque no había visto nunca antes semejante criatura: con una enorme y prominente mandíbula de la que sobresalían dos afilados colmillos, unas zarpas gigantes y un cuerpo esbelto cubierto de pelaje marrón claro. La criatura se acercó mirándole fijamente con aquellos ojos ambarinos de pupila rasgada, y Darkwind además, creyó percibir cierto rasgo de inteligencia. El animal se acercó a Avalón, que permaneció impasible, y frotó su cabeza contra su pierna, pidiendo mimos. Avalón se agachó y le acarició la cabeza.

Darkwind se quedó petrificado. La criatura ronroneaba ante el contacto de la mano del elfo como un gato cualquiera, aunque midiera diez veces más. Se apartó de ellos, sin saber qué hacer o decir y totalmente desorientado. Sus pasos fueron tan torpes, que se cayó al suelo.

No te asustes -le dijo Avalón volviéndose hacia él al escuchar su caída -. Quiere pedirte perdón. Pensaba que querías llevarte nuestra comida y por eso te atacó.

Darkwind no podía creérselo. ¿Estaba hablando en serio? La criatura se le quedó mirando, y empezó a acercarse lentamente. Darkwind se arrastró intentando alejarse, horrorizado, y la criatura se paró en seco. Dos grandes lagrimones se escurrieron por el hocico del felino, como si aquel gesto del muchacho hubiera herido sus sentimientos. Le lanzó una desconfiada mirada a Avalón, que contemplaba todo con expresión triste.

No seas así. Lethe está arrepentida. Es totalmente inofensiva. Solo quería protegerme.

¿Es... hembra? -acertó a preguntar el joven viendo que la criatura volvía a intentar acercarse.

Si. Mi compañera, amiga... ¡Hasta mi hermana y madre si hace falta! -Avalón rió -¡Venga! ¡Acariciale la cabeza! Es la mejor forma para aceptar sus disculpas.

Darkwind dudó, pero no tuvo demasiado tiempo para ello, ya que Lethe estaba restregando su cabeza contra su pierna. El contacto aterciopelado de su piel le hizo cosquillas y le arrancó una pequeña sonrisilla. El animal le miró con ojos de cordero, y perdió totalmente ese aspecto fiero ante los ojos de Darkwind. Olvidó totalmente lo sucedido, y aceptó a acariciarla. Lethe ronroneó y restregó su cabeza contra la mano del chico, que contemplaba divertido el comportamiento del animal.

¿Ves? -interrumpió Avalón el momento -¡Todo solucionado! Ya solo nos queda dejarte en casa... ¿Vives muy lejos?

El buen ambiente conseguido se rompió como un cristal. El rostro del joven se ensombreció, y aunque tardó, respondió con la voz ronca:

En la Isla del Caminante del Sol. Pero puedo volver solo -se levantó -No te preocupes -al notar el cabezazo que Lethe le propinó en la pierna, se corrigió -No os preocupeis. Gracias por todo.

Sin esperar a que Avalón respondiera, Darkwind echó a andar y se perdió en el bosque. Avalón le vio marcharse sin hacer o decir nada y después se dirigió a Lethe sin perder de vista el punto por donde el chico desapareció.

Que chico más raro...

Lethe gruñó, se removió en su sitio y echó a correr en la misma dirección en la que se había perdido el chico.

- ¡Eh! ¡Lethe, ya hablamos de esto! -Avalón intentó perseguirla, pero tardó demasiado en reaccionar, así que le habló a la nada ofuscado -¡Nos van a expulsar otra vez de la aldea! ¡Tu y tus instintos, Lethe!

1 comentarios:

Alvaro dijo...

¡Si me gusta mucho! pero menos que la 2º parte porque en la 1º parte habia acción pero a qui no hai acción pero si ami me a gustado.

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